Parroquia de San Francisco de Asis, Técpán Guatemala



La iglesia fue consagrada el 06 de mayo de 1994, después de ser reconstruida, ya que el terremoto del 76 la dejó inservible.

Su erección fue en el año 1570. Su fiesta patronal es el 04 de octubre. Tiene aproximadamente una población de 59,859 habitantes. Cuenta con un extensión de 201 Km2. El patrono de la parroquia es San Francisco de Asís. El párroco actual es el Mons. Julio Antonio Dionisio Sosa, lo acompañan en su labor pastoral el P. Estanislao Zavala y el P. José Noj. Ayudan también en la parroquia en las labores pastorales la congregación de “Las Hijas de la Caridad”.

La parroquia también cuenta en el área urbana con cuatro cantones o barrios que son: La Asunción (Zona 1), Poromá (Zona 2), Patacabaj (Zona 3) y San Antonio (Zona 4). Y cuenta con 32 aldeas y 18 caseríos, tres colonias; 15 fincas.

Los movimientos de apostolado seglar que trabajan son: La Acción Católica, Renovación Carismática, Cursillos de Cristiandad, Tercera Orden Franciscana Seglar, Guardias del Santísimo, Amigos del Seminario, Caminantes, Emproístas, Infancia Misionera, Animadores Misioneros, Cofradías y Hermandades.




Encarnación Bac

FINAL DEL CAMPEONATO INTER-AULAS



Las dos últimas jornadas de este torneo se vivieron a lo grande. El antepenúltimo partido del campeonato llegó con el encuentro del jueves 23 de abril entre el equipo del Trienio y el Dream Team. El partido en el primer tiempo fue muy emocionante para los miembros del equipo de Trienio y sus aficionados, pues ganaban 2-1 sobre su rival, pero en el segundo tiempo el Dream Team se levantó formidablemente, llevándose esta vez la victoria, así pues, el encuentro concluyó 7-2, a favor del Dream Team.
Por otro lado, el cierre del campeonato de las dos vueltas se entre dio el equipo del Bienio (aunque le hubiera bastado con un empate para estar en la final) contra el equipo de Introductorio. Como ya se suponía, en el transcurso del campeonato, el Bienio que era uno de los favoritos para llegar a la final, derrotó al introductorio 4 goles a 2, aunque hay que admitir que este partido fue bastante aguerrido, pues ninguno de los dos equipos quería quedarse fuera de esta la final.
CAMBIANDO DE ESENARIO PACEMOS A “LA GRAN FINAL”. El Dream Team versus Bienio. ¡Dios mío! ¡Qué partidasasazo! Definitivamente este partido no fue apto para cardiacos; pedimos disculpas por no haber avisado con mas anterioridad, pero gracias a Dios no paso nada que pudiéramos lamentar. Este partido se vivió con mucha adrenalina de principio a fin. Hay que admitir que a lo largo del partido se vio el dominio del balón por parte del Dream Team, quienes ganaban tres a dos y en tiempo adicional el Bienio empató el partido. Este encuentro terminó, en el tiempo reglamentario, con un empate de 3 a 3.
Así fue como se dio lugar a la definición de este partido a través de penales. Como todos sabemos que en el futbol nada esta escrito y, esta vez les toco la suerte, a quienes sin lugar a dudas, fueron contundentes a la hora de definir.
Así pues, este año 2009, se corono como nuevo campeón del torneo inter-aulas el equipo del “BIENIO FILOSOFICO”, a quienes felicitamos por su desempeño a lo largo de este gran campeonato futbolístico.







Milthon Cruz
SEMETABAJ, AÑO XII, NO. 387
SOLOLÁ, ABRIL 21 DE 2009

El sacerdote en la formación de los futuros presbíteros


Para este comentario quisiera enfocarme desde la perspectiva de la responsabilidad del formador y del formando. Seguro que a ambos nos compete la gran tarea de la formación: no puede haber formación si no hay candidatos, como tampoco puede darse la formación si no existe un maestro que los acompañe y les guíe en el camino de la misión. Lo mismo puede decirse respecto del sentido de la colaboración: no se da o no se consigue una buena formación si el candidato no colabora o el formador no se ajusta a las exigencias actuales de la Iglesia. Por eso, considero que la tarea de la formación es cuestión de una corresponsabilidad mutua, formador y formando. Y, por supuesto, es un arte por parte del formador, puesto que, tratándose de seres humanos, habrá de darles un trato como tales, esmerándose con un cuidado especial para que, sin descuidar las exigencias de la formación, se esfuerce por no convertir el ambiente en algo tedioso o, incluso, odioso. Eso, implica que el tema de la formación sacerdotal se le dedique mente y corazón. Además, la formación sacerdotal, siendo una misión de la Iglesia la tarea no la podemos llevar de cualquier manera es más nos jugamos nuestra vida espiritual: somos o no somos del Señor.

Con motivo de la celebración de los veinticinco años de servicio prestado del padre Abelardo en nuestro Seminario, he querido escribir estas líneas, esperando con ellas poder ayudar a vivir mejor la armonía en la formación; que sin lastimar la vida del candidato y del formador se pueda ver realizado el objetivo de ser imagen de Cristo, Buen Pastor. Para complementar esta reflexión he decidido, a continuación, apoyarme en el documento magisterial del Papa Pablo VI Sacerdotalis caelibatus que, seguramente dará luces para iluminar mejor el pensamiento.

Desarrollo de la personalidad

65. Una vez comprobada la idoneidad del sujeto, y después de haberlo recibido para recorrer el itinerario que lo conducirá a la meta del sacerdocio, se debe procurar el progresivo desarrollo de su personalidad, con la educación física, intelectual y moral ordenada al control y al dominio personal de los instintos, de los sentimientos y de las pasiones.

Necesidad de una disciplina

66. Esta educación se comprobará en la firmeza de ánimo con que se acepte una disciplina personal y comunitaria, cual es la que requiere la vida sacerdotal. Tal disciplina, cuya falta o insuficiencia es deplorable, porque expone a graves riesgos, no debe ser soportada sólo como una imposición desde fuera, sino, por así decirlo, interiorizada, integrada en el conjunto de la vida espiritual como un componente indispensable.

La iniciativa personal

67. El arte del educador deberá estimular a los jóvenes a la virtud sumamente evangélica de la sinceridad (cf. Mt 5, 37) y a la espontaneidad, favoreciendo toda buena iniciativa personal, a fin de que el sujeto mismo aprenda a conocerse y a valorarse, a asumir conscientemente las propias responsabilidades, a formarse en aquel dominio de sí que es de suma importancia en la educación sacerdotal.

El ejercicio de la autoridad

68. El ejercicio de la autoridad, cuyo principio debe en todo caso mantenerse firme, se inspirará en una sabia moderación, en sentimientos pastorales, y se desarrollará como en un coloquio y en un gradual entrenamiento, que consienta al educador una comprensión cada vez más profunda de la psicología del joven y dé a toda la obra educativa un carácter eminentemente positivo y persuasivo.

Una elección consciente

69. La formación integral del candidato al sacerdocio debe mirar a una serena, convencida y libre elección de los graves compromisos que habrá de asumir en su propia conciencia ante Dios y la Iglesia.

El ardor y la generosidad son cualidades admirables de la juventud, e iluminadas y promovidas con constancia; le merecen, con la bendición del Señor, la admiración y la confianza de la Iglesia y de todos los hombres. A los jóvenes no se les ha de esconder ninguna de las verdaderas dificultades personales y sociales que tendrán que afrontar con su elección, a fin de que su entusiasmo no sea superficial y fatuo; pero a una con las dificultades será justo poner de relieve, con no menor verdad y claridad, lo sublime de la elección, la cual, si por una parte provoca en la persona humana un cierto vacío físico y psíquico, por otra aporta una plenitud interior capaz de sublimarla desde lo más hondo.

Una ascesis para la maduración de la personalidad

70. Los jóvenes deberán convencerse que no pueden recorrer su difícil camino sin una ascesis particular, superior a la exigida a todos los otros fieles y propia de los aspirantes al sacerdocio. Una ascesis severa, pero no sofocante, que consista en un meditado y asiduo ejercicio de aquellas virtudes que hacen de un hombre un sacerdote: abnegación de sí mismo en el más alto grado — condición esencial para entregarse al seguimiento de Cristo ( Mt 16, 24; Jn 12, 25)—; humildad y obediencia como expresión de verdad interior y de ordenada libertad; prudencia y justicia, fortaleza y templanza, virtudes sin las que no puede existir una vida religiosa verdadera y profunda; sentido de responsabilidad, de fidelidad y de lealtad en asumir los propios compromisos; armonía entre contemplación y acción; desprendimiento y espíritu de pobreza, que dan tono y vigor a la libertad evangélica; castidad como perseverante conquista, armonizada con todas las otras virtudes naturales y sobrenaturales; contacto sereno y seguro con el mundo, a cuyo servicio el candidato se consagrará por Cristo y por su reino.

De esta manera, el aspirante al sacerdocio conseguirá, con el auxilio de la gracia divina, una personalidad equilibrada, fuerte y madura, síntesis de elementos naturales y adquiridos, armonía de todas sus facultades a la luz de la fe y de la íntima unión con Cristo, que lo ha escogido para sí para el ministerio de la salvación del mundo.

P. Aurelio Sunún

Biografía del padre Abelardo Pérez Ruiz



Abelardo Pérez Ruiz hijo de Félix Pérez y Trinidad Ruiz, nació en Briones, la Rioja España, el 2 de noviembre de 1948.

Cursó sus estudios de nivel primario en la escuela de su pueblo natal. A los 11 años, en septiembre de 1960, ingresó al Seminario Menor de la Diócesis de Calahorra, la Calzada y Logroño. Tras cinco año de Latín y Humanidades en el Seminario Menor pasó al Seminario Mayor donde realizó los estudios de Filosofía y Teología. Fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972 en la capilla del Seminario. Tras cuatro años de trabajo parroquial comenzó sus estudios de Derecho Canónico, sin abandonar el trabajo pastoral. Obtuvo el título de Licenciado en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, España.

Comenzó su actividad pastoral como vicario de la parroquia de Pradejón, pueblo natal del muy recordado padre Pedro Jesús Simón. Cuatro años después, en 1976, fue trasladado como vicario a la parroquia de San Andrés.

Desde el comienzo de su ministerio sacerdotal y durante nueve años atendió, como capellán de los alumnos, la EFA (Escuela Familiar Agraria).

Ahí se encontraba cuando en noviembre de 1983 fue invitado por Mons. Eduardo Fuentes para trabajar en el Seminario Mayor “Nuestra Señora del camino”.

Llegó a Panajachel, donde entonces se encontraba nuestro Seminario, el 10 de abril de 1984. Por la carencia de formadores y profesores, durante varios años, su labor docente tuvo que cubrir cursos como el Derecho Canónico, Moral, Liturgia, Latín y Griego, entre otros. Con el paso de los años, a medida que se iba disponiendo de profesorado más especializado, fue cediendo algunos cursos a los profesores que se van agregando al claustro.

Junto a la tarea magisterial, se empleó desde el primer momento en tareas de dirección espiritual.

En los primeros años fue frecuente que los fines de semana tuviera que colaborar en la atención parroquial en distintas parroquias de la Diócesis como Patulul, Chicacao, Mazatenango.

En Noviembre de 1991 se vio sorprendido por una actividad pastoral en la que nunca había pensado: la de exorcista. A este respecto ha escrito un pequeño folleto titulado “la superstición religiosa: reto pastoral insoslayable” y recientemente publicó un libro titulado “Me llaman Maximón, Satanás con corbata y sombrero”.

Por otro lado, en el año de 1993 tras la llegada de las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús, a nuestro Seminario se ha encargado de la atención espiritual (confesiones, predicación, clases de doctrina cristiana).

Durante su estancia entre nosotros, ha perdido a sus papás, a los que no pudo acompañar físicamente en sus últimos momentos.

Entrevista al padre Abelardo


¿Cómo surgió el proyecto de venirse a Guatemala como formador de este seminario?

“Surgió a invitación de Mons. Fuentes, que en noviembre de 1983 pasó por España buscando sacerdotes para trabajar en el seminario de Sololá, que estaba dando sus primeros pasos”.

¿Cuál fue su primera impresión cuando llegó al Seminario Nuestra Señora del Camino?

“Fue una impresión muy grata, debido a la buena acogida que recibí tanto por parte de los 14 seminaristas que aquí se formaban, como, sobretodo, del propio Mons. Fuentes y su recordada mamá”.

Antes de venirse ¿Qué estudios realizó?

“Lo propio de un seminario diocesano: las Humanidades en el Seminario Menor; y Filosofía y teología en el Seminario Mayor. Ya sacerdote, amplié mi formación con estudios de Derecho Canónico”.

Como profesor ¿Cuál fue la primera clase que impartió en el Seminario?

“Inicié dando clases de Derecho Canónico”.

Estando aquí, ¿cómo se comunicaba con sus familiares? ¿Los visitaba después de cierto tiempo?

“Por carta. Con la dificultad de que el correo funcionaba en aquellos años (84-85) muy lentamente. Algunas cartas tardaban en llegar hasta un mes.

En cuanto a las visitas a mi familia de sangre, tuvieron lugar cuando pareció oportuno: cada cuatro o cinco años”.

¿Podría compartirnos algunos recuerdos de su Seminario y de su pueblo?

“Los recuerdos podrían ser muy numerosos: gratos y no gratos, porque de todo tiene la vida. Del tiempo de mi niñez en mi pueblo, recuerdo especialmente la afición apasionada que vivía por el juego de la pelota vasca. De cara al Seminario, siempre recuerdo la ilusión con que a mis once años me preparaba con clases particulares de gramática que mi propio párroco me impartía de cara a alcanzar una adecuada preparación académica para el Seminario Menor.

También recuerdo con especial agradecimiento a Dios la vida de piedad recia que mis formadores supieron inculcarme”.

Después de veinticinco años y aún siendo formador de este Seminario ¿ha notado alguna diferencia entre el ambiente del Seminario de aquél entonces con el de hoy?

“Las condiciones de vida de régimen de funcionamiento son bastante diferentes. Lo que es más que comprensible si comparamos la etapa de los comienzos con tanta escasez de medios: de profesores, de formadores, etc. Con la etapa actual, en que el Seminario ha alcanzado un cierto nivel de madurez y eficacia, si bien –no hay que olvidarlo- siempre está abierto a cambios y perfeccionamiento”.

¿Qué le dice usted a los seminaristas de hoy?

“Que los años de formación para el sacerdocio –siete- son escasos para alcanzar un nivel aceptable de maduración, y no hay tiempo que perder”.

Y como pastor de almas y por su propia experiencia ¿qué les dice a los sacerdotes de hoy?

“A mis hermanos sacerdotes –subrayando que ante todo me lo digo a mi mismo-, que hemos de ser fieles a la palabra dada ante el Obispo; que no defraudemos a los miles de almas que esperan de nosotros un autentico ejemplo de santidad”.

Por el trabajo realizado ¿se siente alegre por lo que ha alcanzado hasta hoy?

“Sí, en gran medida ¡hay tantos motivos para dar gracias a Dios! Ahora bien, alegría completa sólo en el cielo”.

Y para terminar ¿podría contarnos alguna anécdota que le ha tocado vivir en este Seminario?

La vida está llena de anécdotas. ¿A cuál referirme? Podría referirme a aquel gol que metí, ejecutando un tiro de esquina, sin ayuda de nadie: la bola, salió de mi pie con tal efecto que, yendo a dar en el palo contrario, entró en la portería con una limpieza tal que quedamos todos asombrados, empezando por el propio ejecutor de la falta. ¿Habilidad? No: ¡milagro!

Julio Celso Tuy Joj

Mis recuerdos del padre Abelardo Pérez


Cuando ingresé en el Seminario Mayor Nuestra Señora del Camino de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango en el año 1989, el P. Abelardo tenía ya casi cinco años de haber venido desde España a trabajar como formador del Seminario. En ese entonces el Seminario estaba ubicado en San Andrés Semetabaj. Ya en aquel tiempo era conocido como un sacerdote con una formación espiritual y doctrinal profunda, muy cercano a los seminaristas y sacerdotes que lo conocían.

Fue el primero de los sacerdotes españoles en venir a trabajar al Seminario; después de él vinieron P. Javier Pereda Peña, P. Ángel María Pascual y por último P. Luis Antonio Foncea. Y actualmente es el único que permanece como formador del Seminario Mayor.

El P. Abelardo ha estado en las distintas etapas del Seminario Mayor, pues empezó a trabajar como profesor, formador, confesor y director espiritual casi desde los inicios del Seminario recién fundado por Mons. Angélico Melotto y fortalecido por Mons. Eduardo Fuentes en la Casa de Cursillos de Panajachel; luego se trasladó con el pequeño grupo de seminaristas a San Andrés Semetabaj. Y desde 1992 trabaja en la actual sede del Seminario Mayor en la cabecera departamental de Sololá.

En los primeros años de trabajo en el Seminario, el P. Abelardo realizaba casi todas las tareas, pues eran pocos los formadores. Era el Director Espiritual del Seminario, confesor, profesor de Sagrada Escritura, Derecho Canónico, Griego, Latín, y un largo etc.

En mis años de seminarista, lo recuerdo por sus meditaciones que nos llevaban hasta las alturas –le gustaba hacernos meditar los Salmos-, también por su buena voz para cantar la Misa y las “jotas” con las manos en jarra; y por sus carcajadas explosivas…

También lo recordamos con las botas de futbolista puestas, hasta que las lesiones lo alejaron de las canchas. En una ocasión marcó un “gol olímpico”. Y como buen deportista se lanzó a la conquista de la cima del volcán “Atitlán”, aunque después de eso no ha podido imitar el ejemplo de Jaime Viñals.

No lo tuve como profesor hasta que llegué a la Teología, en donde nos impartió varios cursos. Siempre preparaba bien sus clases, haciéndolas atrayentes por sus anécdotas y sus bromas de buen gusto. Los exámenes tenían su toque personal, lanzaba una pregunta y dejaba un espacio de tiempo para responder, luego continuaba con otra pregunta, y así sucesivamente; si uno había estudiado se hacía relativamente fácil, si no, no había nada que hacer. Igualmente peculiar era su manera de calificar: ½, 2/4, etc. (no era fácil saber cuál había sido nuestro punteo).

En el P. Abelardo, todos hemos visto un “hombre de Dios” un sacerdote cien por ciento, dedicado completamente a su ministerio sacerdotal, del cual se ha beneficiado principalmente el Seminario Mayor y muchos sacerdotes de nuestra Diócesis y de otras diócesis que frecuentan la dirección espiritual y su experiencia humana, intelectual y espiritual.

Y ahora que festejamos los 25 años de su servicio incondicional a nuestro querido seminario de Sololá, con estos breves recuerdos quiero unirme a la acción de gracias a Dios por tan magnífico e ilustre sacerdote que ha compartido su basta experiencia con decenas de seminaristas (muchos ya ordenados) que hemos pasado por el Seminario de Sololá.

P. Boanerges Ramírez Rayo