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Experiencia Pastoral en San José Pinula

El pasado 27 de junio, tuvimos la gran oportunidad de tener una bonita experiencia en San José Pínula, tierra del recordado Padre Hermógenes. Estos cuatro días de pastoral fueron de gran importancia para nosotros por que, pudimos experimentar y vivir con la gente muy sencilla, de esa localidad.

Esta pequeña pastoral lo realizamos junto con los alumnos de segundo de teología, que en realidad nos fue bien compartir con ellos que no son del mismo curso. Esto nos puede servir de mucha importante porque, uno se da cuenta de muchas cosas de que aprender del otro compañero ante el buen ejemplo que nos impulsa a que las cosas se puedan realizar bien, para que después se puedan ver los frutos tanto material como espiritual.

Antes de partir a San José Pínula, estábamos tan ilusionado, por llevar a cabo la pastoral, por que no era simplemente el hecho de salir de nuestras actividades cotidianas sino más bien, era de ir a conocer el testimonio de un hombre que supo entregar su vida a Dios totalmente y al servicio del prójimo y ante todo por dar su vida por el bien de los demás y que fue un hombre quien dejó huellas en dicho municipio y ante todo quiso dejarnos un gran regalo para nuestra Guatemala. También era un momento para ir a conocer otros ambientes distintos a la nuestra, tanto en lo material y en lo espiritual, por el cual el viaje, no se nos hizo complejo, por que durante el camino íbamos bromeando, contando chistes y cantando y, cuando nos dimos cuenta ya íbamos a llegar a San José Pínula a eso de la una de tarde, con un exagerado calor que hacía en ese lugar; pero lo curioso es que todos manifestaban en el rostro un espíritu alegre.

Al llegar a San José Pínula, el padre Carlos Pirir, junto a otras personas nos esperaban con gran ilusión, e inmediatamente cuando bajamos del bus se acercaron hacía nosotros y lo primero que hicieron es tomarnos una fotos y videos seguidamente nos dieron la bienvenida, t en ese mismo momento nos invitaron a un delicioso almuerzo; mientras comíamos el Padre Carlos, nos dio la respectivas indicaciones y recomendaciones de lo que íbamos a realizar en las comunidades y después del suculento almuerzo, los catequistas ya nos estaban esperando para llevarnos a las comunidades a donde cada uno estaba destinado.

Como en esas comunidades no había tanto accesos de buses nos fuimos en un camión donde las personas de esas comunidades. Al llegar a las aldeas, fue para muchos impresionante, porque el ambiente natural en que vivía la gente, era muy diferente a nuestra cultura.

Esta experiencia en primer lugar lo debemos a Dios, y en segundo lugar a Monseñor Gonzalo por darnos la oportunidad de conocer otro tipo de ambiente. Por tanto, la gente de esas comunidades tuvieron al Padre Hermógenes como un verdadero pastor, que supo orientar a la gente a través de la oración y del servicio incansable que realizó para bien de la iglesia .AL terminar la pastoral no dimos cuenta de que las familias de San José Pínula, son personas alegres y lo que buscan es estar siempre felices, no por medio de la riqueza material, sino más bien por seguir el ejemplo del Padre que les dejó una enseñanza de riqueza espiritual, que sin duda alguna son frutos del Él, de manera que lo recuerdan y tratan de vivir de acuerdo a su enseñanza según la imitación de Cristo.

Encarnación Bac Balan

Caminata en Honor al Padre Hermógenes


Desde hace veinte años, por iniciativa de nuestro actual Obispo Mons. Gonzalo, se han llevado a cabo ininterrumpidamente caminatas en honor del muy recordado padre Hermógenes. Cada una de las aldeas de San José Pinula salen desde muy de mañana rumbo al lugar donde se lleva acabo la misa de aniversario de la muerte del padre Hermógenes.

Este años como en los anteriores la caminata empezó desde las comunidades. A mi me tocó junto con otro compañero (Encarnación) la oportunidad de acompañar el recorrido de la aldea de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. La aldea del Socorro es la más lejana del municipio de San José Pinula, tiene aproximadamente 35 Km. De distancia. Salimos a eso de la una de la mañana para reunirnos con las demás aldeas de San José Pinula, en la aldea más céntrica llamada el Naranjo.

Antes de comenzar a caminar se quemaron dos bombas, la primera fue a la 1:00 y la otra fue a la 1:05, esto fue para salir ya cuando estábamos todos reunidos, entre ellos jóvenes, niños y adultos, en total fuimos aproximadamente 25 personas.

Durante el recorrido, la mayoría nos dispersamos, porque unos caminaron más rápido y otros más lentos. También durante el camino, fuimos alcanzando a otras personas de otras aldeas, que manifestaba gritos de júbilo y cantos de alabanza. Las personas que se quedaron atrás solo escuchaban el bullicio, sin embargo manifestaban esperanzas de poder llegar al lugar que se tenía previsto. Lo mismo sucedió con las otras comunidades, según comentaban otras personas sobre el recorrido. Lo que nos diferenció con las otras comunidades fue el horario de salida, porque no todos salimos a la misma hora, por el hecho de estar algunos más lejanos y otros más cercanos.

Por lo que se refiere a la llegada, el Padre Carlos ya había acordado con las comunidades que tenían que reunirse en el Naranjo a las 4:00 de la mañana. Algunos llegaron antes de la 4:00, otros se tardaron un poco en llegar, incluso hasta las 4:45. Mientras íbamos llegando nos recibían con cantos de animación, café y un delicioso pan. Estuvimos hasta las 5:00, hora de volver a retomar nuestro camino hacia el estadio municipal de San José Pinula. Lo que nos hacia falta por recorrer fueron aproximadamente 12 Km.

Para la caminata el párroco había mandado encargar que se hiciera una cruz alta por comunidad, en la que iba colocada la foto del padre Hermógenes, como símbolo de su martirio. Al salir del Naranjo las cruces se unieron e iban presidiendo la procesión. En el recorrido fuimos rezando, haciendo porras y dinámicas. Durante esta segunda parte de nuestro recorrido, en algunos de nosotros ya se manifestaba el cansancio, quizá porque las maletas eran muy pesadas o quizás porque no estábamos acostumbrados a caminar una distancia muy larga. Pero al fin llegamos al estadio, en donde nos estaban esperando otras comunidades rurales y urbanas más cercanas a San José, dándonos la bienvenida con una suculenta refacción.


Pedro Alonzo Montesino

Sobre la Homilía del Cardenal Quezada Toruño, en el Aniversario del Asesinato del Padre Hermógenes López


En el trigésimo primer aniversario de la muerte del Padre Hermógenes López Coarchita, la Iglesia de Guatemala, en agradecimiento al pueblo de San José Pinula ha celebrado la Santa Eucaristía en honor a la muerte del recordado Padre Hermógenes.


La celebración de la Eucaristía fue precedida por el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, y en la Liturgia de la palabra, el Cardenal, dio paso a su homilia: “Fraternalmente unidos recordamos este día al inolvidable siervo de Dios, Hermógenes López Coarchita, párroco de San José Pinula, cobardemente asesinado hace ya 31 años por defender los derechos de su gente con la verdad y con el evangelio en sus manos sacerdotales”.


En el desarrollo de su homilía, el Cardenal, resaltó la entrega del Padre Hermógenes. El Padre Hermógenes pertenece a esos numerosos sacerdotes, religiosos y laicos que a lo largo de la historia, por su amor a Dios y por su compromiso con los hombres, sobre todo con los más pobres, han donado generosamente su propia vida.

El cardenal, recordando el inicio del año sacerdotal hizo hincapié en la figura del Padre Hermógenes, recordándonos que en él descubrimos a un Sacerdote santo que entregó su vida a Dios y al bienestar de las personas que la Divina Providencia puso bajo su cayado. Es por ello que él permanece vivo entre los vecinos de San José Pinula, pues fueron ellos quienes se enriquecieron principalmente con su palabra, con su vida, y con sus obras.


Esto nos remite a pensar que él fue un pastor humilde, piadoso, sencillo, pobre, fraterno con sus hermanos sacerdotes. Esas virtudes nos revelan su espíritu de oración, su formación permanente, su amor por las Sagradas Escrituras, la alegría en la preparación de los niños para su primera comunión, a la catequesis de los jóvenes a la confirmación, la preparación cuidadosa y valiente de sus homilías, su madura obediencia a los superiores, y a sí mismo, impresiona su visita afectuosa y constante a los enfermos. El cardenal Rodolfo Quezada después de haber resaltado el diario apostólico del Padre Hermógenes, invitó a todos los sacerdotes a imitar el ejemplo vivo de este gran Sacerdote, ya que la vida pastoral de cada uno de los sacerdotes debe ser, de alegría, de entusiasmo y de una entrega total, por amor a nuestro Señor Jesucristo y por el bien de nuestra Iglesia al servicio del prójimo.


Policarpio Atz.

Una Vida que Deja Huella (Anécdotas sobre la vida del Padre Hermógenes)



Tuve la gran oportunidad de estar durante tres días en una de las aldeas de San José Pinula, llamada Río Frio, en donde pude compartir con personas muy especiales. Gente que tiene una fe muy grande, ya que viven con el ejemplo incomparable de aquél a quien ellos mismos llaman con el titulo de “santo”: el padre Hermógenes. Durante estos pocos días (tres) me encontré con personas que conocieron a este gran sacerdote, y quisieron compartir conmigo algunas anécdotas sobre él.

Lo primero que me hace reflexionar cada una de estas anécdotas es que el padre Hermógenes se distinguió por su cercanía y gran amor por las almas. Esto lo atestigua el hecho de que su propia vida ha dejado huella profunda en los corazones de todos aquellos que viven en San José Pinula.

Lo primero que contaré es un hecho que va de boca en boca de la gente, y es precisamente que cuando el Padre Hermógenes visitaba las aldeas, siempre regalaba dulces a los niños, adultos y a cualquiera que encontraba por el camino; pero lo misterioso es que, como me dicen muchas personas: “no entiendo como es que nunca se le terminaban los dulces”. Será que, ¿no era indicio ya de su santidad?, puesto que muchas de las personas cada vez que contaban esto concluían diciendo: “el padre es un santo”.

También cuentan que cada vez que él asistía a celebrar la Misa a esta comunidad, cuando ya le era imposible seguir su camino en su carro, los miembros de la aldea se peleaban por ir a traerlo a caballo, como me lo contó otra de esas personas, sin embargo el padre conocía bien a esta persona porque casi siempre él se le adelantaba a los demás y lo iba a traer. Decía esta persona: “muchas veces lo encontré y ya venia de camino y yo le decía: Padre, me hubiera esperado”, pero él me contestaba: “pidiéndole a Dios venia para encontrarte más allá y así poder hacer más sacrificio”.

Un señor de avanzada edad me contaba muy emocionado: “una vez vino el padre a mi casa y le dije: ¡padre, aquí tengo frutas para que las lleve!, le di como tres tipos de frutas. Él, muy contento, tomó una bolsa que llevaba y la llenó, pero al llegar a la Iglesia se las repartió a todos los niños que ahí estaban”. Con esto la gente miraba la generosidad que tenia el padre con los niños y con todos sin importarle quedarse sin nada.

Me decía una señora: “en una ocasión vi al padre llegar a la aldea con sus zapatos en sus hombros, y con su pantalón doblado hasta las rodillas y con sus pies llenos de lodo, esto me impacto mucho”. Con esto podemos ver que el Padre tenía celo por las almas, no le importaba si llovía o no, si tenía que caminar mucho o no. Lo que le importaba a él era atender al pueblo de Dios.

Tuve la oportunidad de visitar muchas familias de la aldea, y en esta ocasión me encontré con una señora que me contó que, cuando el padre visitaba su casa se sentían muy a gustos, especialmente por la confianza que mostraba a cada uno de los miembros de la familia. Ella me comentaba que cuando la encontraba junto al fogón torteando le pedía una de las tortillitas que aún se terminaban de cocer en el comal, la agarraba muy contento y se la comía con un poquito de sal.

Y así como estas hay muchas más anécdotas que contar, pero me las reservo. Al final solo puedo afirmar que en aquella gente de San José le tienen un gran amor y respeto al sacerdocio, y que la vida del padre Hermógenes es realmente un gran aliciente para todo aquel que quiera seguir el camino del sacerdocio, ya que el sacerdocio es “servicio y celo por las almas”, y el padre Hermógenes tenía ambos; para mi el padre Hermógenes es un gran ejemplo de sacerdote.


José Benedicto

Que Dice la Gente del Padre Hermógenes López Coarchita

El Padre Hermógenes López, es muy querido por todo el pueblo de San José Pinula y lo siguen recordando, aunque hace ya 31 años que ha partido de este mundo, sus recuerdos, sus anécdotas, sus consejos y su memoria están vivos y presentes en medio de su pueblo.



Toda la gente de las aldeas de San José Pinula, cuentan que desde niños guardan recuerdos especiales del Padre Hermógenes; la gente ya mayor son los que más recuerdan cómo era la persona del Padre. Y saben, por qué lo recuerdan. La gente cuenta que: “el Padre Hermógenes es un santo. Cuando lo teníamos con nosotros sentimos esa alegría y ese olor de santidad que llevaba en su corazón, y por eso lo queríamos mucho porque era un buen Padre. Cuando lo perdimos, cuando ya no lo teníamos, nos dimos cuenta de la gran falta que nos hacía. Pero para nosotros no ha muerto, para nosotros está vivo todavía, porque su presencia es más sensible entre nosotros. Nos ayuda más porque está en el cielo. ¡Un gran Santo!”


“El Padre Hermógenes era muy sencillo, humilde, cercano a la gente. No por nada le llamaban Padre. El Padre Hermógenes siempre nos trató como hijos, nos ayudó y nos defendió, él fue nuestro Padre de verdad, y aún nos sigue queriendo, porque nosotros sentimos que sigue viviendo y que nos protege. No hemos conocido a ningún otro Padre como él. Él era muy sencillo en sus palabras, pero sus palabras eran muy penetrantes, y por eso todavía lo tenemos muy presente en nuestros corazones. Nos quería a todos, no excluía a nadie. Acogía a todos los niños, jugaba con ellos, los abrazaba, los cargaba aunque estuvieran sucios.” Esto me lo contó una señora casi llorando, se llama María Alvizuris Muralles, una ancianita.


Otro señor decía: “el Padre Hermógenes vivió el Evangelio y entregó su vida por el Evangelio. Nos predicaba cuando éramos niños. Cada vez que venía a nuestra aldea se sentía la alegría. Fue un padre muy generoso con todos. El Padre Hermógenes murió por nosotros. Aquel hombre era santo de verdad, desde que vivía con nosotros; se mortificaba por nosotros; nos llegaba a visitar a cada poco a pesar de que nuestra aldea se encuentra lejos y sin carreteras, solo se podía venir a pie o a caballo. Él siempre llegó a pie a visitarnos y descalzo, haciendo sus penitencias. Nunca quiso que lo llegaran a atraer a caballo, muchas veces nos sorprendía su presencia en nuestra aldea. Todos los cristianos que ahora estamos en la Iglesia, en nuestras aldeas es fruto del trabajo del Padre Hermógenes.”


También la gente cuanta que le pedían que intercediera por ellos en sus enfermedades y en sus problemas, y lo dicen con tal confianza que el Padre les ayudaba. Desde entonces su presencia, sigue viva en sus corazones y sus familias.



Sin duda alguna el Padre Hermógenes fue amigo de todos; Padre de todos, y como él mismo lo dice en una de sus cartas: “mi condición de Sacerdote de Jesucristo, aunque indigno, me pide capacidad para amar y servir a todos, con alegría y prontitud, siguiendo su ejemplo, de no hacer distinción de personas dando un feliz testimonio de alegre sacrificio en aras del Evangelio.” Todo esto lo experimentó su pueblo.



La voz del pueblo dice: “El Padre Hermógenes fue un buen pastor, porque nunca dejó a su pueblo sin pastor, siempre estuvo con nosotros hasta entregó su vida por nosotros. Es un verdadero santo y pastor, no como los que están ahora que abandonan al pueblo”. Esto y mucho más lo que dice la gente del Padre Hermógenes.



Vicente Patzán

Proceso de Beatificación del Padre Hermógenes López Coarchita


Después de su muerte, el Padre Hermógenes, fue sepultado en el cementerio de San Lázaro en Antigua Guatemala. Inmediatamente se iniciaron las romerías del pueblo de San José Pinula y sus aldeas a su sepulcro, le llevaban gladiolas color Corinto que tanto le gustaban. Cada aniversario de su martirio, el pueblo de San José Pinula, ha dedicado un momento especial a su memoria. Todo esto fue observado por su familia: padres, hermanos, y ese testimonio de amor influyó para que el 30 de junio de 1989 sus restos mortales se trasladaran a su querido Pueblo de Pinula. Monseñor Penados del Barrio era entonces Arzobispo Metropolitano y Monseñor Factor Muñoz, Párroco de San José Pinula, junto con muchos otros hicieron que sus restos fueran colocados en la cripta donde hoy se encuentran, dentro de la actual Iglesia de la Parroquia de San José Pinula. Y con ese mismo amor vemos desfilar ancianos, adultos, jóvenes y niños visitando su capilla donde no faltan flores.

Este pueblo agradecido tuvo su recompensa, ya que en el año 2003, durante la celebración del 25 aniversario de su martirio, el arzobispo Metropolitano de Santiago de Guatemala, Monseñor Rodolfo Cardenal Quezada Toruño, solicitó públicamente al hermano Santiago Otero que iniciara la investigación para dar inicio al proceso de beatificación.
Al mismo tiempo, realizadas las consultas necesarias y reunidas la documentación requerida, el Señor Arzobispo hizo la petición formal a la congregación para la causa de los Santos, con el fin de obtener el “Nihil Obstat” necesario para la apertura del proceso diocesano de beatificación y canonización. Documento en el que se hace constar que en Roma no existe nada en contra para iniciar el proceso. Dicha Congregación Vaticana respondió positivamente, y el 27 de diciembre del 2007 se abrió solemnemente el proceso de beatificación y canonización del Padre Hermógenes López Coarchita, en la Catedral Metropolitana, celebración presidida por el Señor Cardenal Rodolfo Quezada Toruño. Desde ese momento el pueblo de Dios le da el titulo de SIERVO DE DIOS.

La causa de beatificación y de canonificación del siervo de Dios expuesta en el presente semetabaj, tiene como propósito que todos los católicos de Guatemala la conozcan y tengan la oportunidad de pronunciarse ha favor de dicho proceso. Esto ayudaría ha complementar el expediente que debe ser enviado al Vaticano después de concluida la fase diocesana del proceso, como es el deseo de todos los fieles de San José Pinula y de Guatemala, entera, para que un día el Señor nos conceda ver elevado a los altares al Siervo de Dios que tanto amamos.
Edgardo Alfredo Gonzáles G.

El Párroco de San José Pinula Ante el Problema del Agua (Extracto de una carta escrita por el Padre Hermógenes)

A LOS ESTIMADOS MAESTROS

Me inclino respetuoso ante Ustedes, por el importantísimo servicio que prestan a mi Patria; y concretamente a ustedes, queridos Maestros, que imparten sus enseñanzas a la niñez y juventud de nuestro Municipio. Dios les bendiga.

Ustedes tienen una voz poderosa y autorizada para descifrar a los educandos la palabra cultura, extrayendo de ella, conceptos como: sabiduría, ciencia, ilustración, civismo y muchos más con que se ennoblece la persona. Si dentro de esas acepciones, ponemos otras con filosofía de compromiso con la sociedad en que vivimos para conocer nuestros problemas y colaborar a su solución, ciertamente cabrá ahí mi preocupación del momento a favor del Pueblo, cuando les pido suplicante una palabra de urgente compromiso con la Comunidad, en orden a que NO sean conducidas a otro lugar, las aguas de una parte de nuestro Municipio.

A LOS VECINOS DE TODO EL MUNICIPIO DE SAN JOSÉ PINULA

por quienes sentimos serias expresiones en nuestra alma, convertidas en ideas de respeto, compromiso de servicio y esperanzas por un futuro lleno de progreso y de paz. Se precisa ante este problema del agua, la panacea producto del binomio Libertad y Dignidad, para convencernos de que esas aguas desempeñen un papel de suma importancia en la concepción ecológica de un San José Pinula: trabajador, honesto y serio que debemos defender.

Un poco de observación ante el fenómeno de la violencia de la que se duele la Patria, nos dice que nuestro San José Pinula, aporta una buena dosis de armonía y de paz al ambiente, aun cuando de armonía, sintamos todavía que tenemos desventajas, ya que como lo afirman lamentablemente notas de vencible idiosincrasia, se comenta en nuestro ambiente, que falta entusiasmo para la unidad y falta una nueva mística para una constructiva solidaridad. Quizás la postura de defensa que tomemos impidiendo que nos quiten nuestras aguas, nos descubra que sí tenemos sentimientos grandes para la unidad, suficientes para alejar emociones ancestrales de indiferencia, para ponernos todos al servicio de los intereses de nuestro Pueblo.

Y ¿qué tal si se ponen a observar con mente curiosa, qué cosa podrá sobrevenirle al pobre Párroco por esta humilde postura que asume a favor del tan querido Pueblo de San José Pinula? ¿Cómo se imaginan ustedes que actuarán la ambición cuando se llame política? ¿Cómo creen ustedes que actuará la codicia cuando se llame negocio? ¿Cómo sospechan ustedes que actuará la envidia cuando se llame calumnia? Tomemos, pues, bien severos el azote de la libertad y de la vedad y… examinémosles inmisericordes.
A LOS NIÑOS TAN QUERIDOS

Estoy convencido de que ustedes, queridos patojos, por razón de su corta edad, no ven ese problema del agua y hasta dirán un poco burlones, que ni siquiera les importa, ni les toca buscar solución. Y, ¡ni modo!, eso es cierto, porque no saben de qué problema tan enorme se trata. Cállense pues un ratito y… voy a contarles la cosa.
Unos señores muy ricos que no son de aquí de San José Pinula, quieren llevarse unos ríos que son de nuestro Pueblo o como quien dice, que son de nosotros y que sirven para bañarnos y para que haya verduras en la mesa a la hora del almuerzo y para que Dios ponga frutas en los árboles, de aquellas que ustedes traviesones se roban en la huerta de don Pedro o de don Juan o de don Lencho o de don Polo… Y quieren que les cuente ¿cómo harán para llevárselas? Bueno. Los meterían dentro de unos tubos largos, muy, muy largos, así de largononones y así se los llevarían. Eso se llama en lenguaje popular: “desvestir un santo para vestir otro”. Si ahora nos quitaran nuestras aguas, después, cuando a ustedes Dios los transforme en jovencitos, hablarían muy mal de nosotros los que ahora somos personas mayores, porque no quisimos oponernos a ese vilísimo despojo. De llegarse ese momento, ‒Dios no lo vaya a permitir‒, ojalá que ustedes sepan que sí hubo quiénes nos opusimos y quiénes no quisieron oponerse y hasta TAL VEZ como amigos (?) influyentes en el PUEBLO, hubieran podido ser el enlace servil entre compradores y vendedores; y Dios permita que nunca vayamos ni siguiera a imaginar que también entre compradores y Autoridades, porque entonces y ya desde estos días, esos amigos (???) serían los más viles enemigos de la dignidad y de los bienes de nuestro Pueblo. Pero, mejor recemos al Buen Jesús quien es muy amigo de ustedes los niños, par que no pase nada. Y rezar, será la cosa más urgente, valiosa y fácil.

A LA HIDALGUIA DE UN GRAN SAN JOSÉ PINULA

Un diccionario ideológico hará una lista de sinónimos tan amplia como para gastar varios minutos leyendo la definición de la palabra hidalguía. Dirá por ejemplo: calidad, esplendor, magnanimidad, nobleza, caballerosidad, distinción y varias líneas más por llenar. Si centráramos en esas palabras la hidalguía que queremos retratar entonces, el cartón de ese retrato, habría que cortársele con sus cuatro ángulos de burguesa medición. No es esa la hidalguía que invocamos.
Hagamos nosotros entonces, con perdón del autor de Don Quijote de la Mancha, nuestra propia definición y centrémosla muy dentro del círculo de nuestras propias realidades, y nos definiremos con una buena lista de nostalgias de lo que fue nuestro San José Pinula hasta antes de llegarnos el asfalto, y de entonces, para nuestros días, y sabremos, Primero: qué se hizo; Segundo: qué tenemos y Tercero: cómo deberíamos estar.
Dejemos a la historia, siempre amena, lo primero y lo segundo y de lo tercero, hagamos un peldaño para hacer un reto a nuestras reales capacidades y situándonos dentro de un sano argullito que sacuda solo nobles ambiciones, ocultemos por un momento nuestra cara ente las manos y meditemos en las palabras de Cristo: “¿De qué le aprovechará al hombre el ganar todo el mundo si pierde su alma?”.

Sí. Pero: ¿no nos podrá ayudar esa sentencia divina tomada humildemente en plano positivo, para poder hacer algo grande, pronto y de buena gana por nuestro San José Pinula? Si “ganamos todo el mundo” sin perder nuestras almas, sino asegurándolas en Dios, yo reo que nuestro Pueblo tendrá qué hablar el lenguaje de la dignidad con un poquito de mayor potencia, para que el eco fuerte de ese lenguaje, lo oiga nuestra libertad con nuevo rebote que examine sin complejos nuestros defectos manifiestos y nos permita intentar el poder hacer cálculos exigentes de lo que tenemos y de lo que humildemente podemos, para pasar del fenómeno del lamentar y del desear al emocionante del ser, poder y tener. ¿Por qué, pues, no es usted tan amable y acepta esta modesta invitación a esta clase de hidalguía? Ponga los ojos en su conciencia y escuche la palabras del Libro Santo cuando nos dice: “TODO LO PUEDO, EN DIOS QUE ME CONFORTA”.
E. Hermógenes López C.
Párroco.

El Año Jubilar en la Catedral de Sololá

La Catedral se ha vestido de fiesta desde el 15 de agosto, solemnidad de Nuestra Señora de La Asunción, al celebrar el Año Santo Jubilar por los 25 años de Consagración, que tuvo lugar el 19 de julio de 1984, por Monseñor Angélico Melotto, con presencia del Nuncio apostólico Monseñor José Paupini y Monseñor Eduardo Fuentes, obispo coadjutor la totalidad del clero y numerosísimos fieles.

La Catedral de Sololá es el edificio más notable de la ciudad, sobresaliente entre todas las demás construcciones que la rodean y visible desde todas las entradas a la ciudad. Su armoniosa fachada, su esbelta cúpula, su atrevida bóveda de cañón, y sus amplios ventanales significan el templo espiritual que Dios se ha edificado junto al imponente lago de Atitlán en las almas de los habitantes de este territorio.


Significa también la Iglesia de Cristo que predica, canta y adora al Dios único en este pedazo de tierra hermosa. Significa también el Cuerpo Místico de Cristo formado por los fieles de la diócesis, unidos por la caridad y alimentados por los sacramentos.


La Catedral de Sololá es la Iglesia propia del Obispo Diocesano, en la actualidad Monseñor Gonzalo de Villa y Vásquez, y es la "madre" de todas las iglesias de la diócesis, que reciben de ella los santos óleos para los bautismos, las confirmaciones, las Unciones de enfermos y el Orden Sacerdotal, que en ellas se realizan. Es "madre" porque de ella reciben todas las iglesias de la diócesis la garantía de la enseñanza en comunión con el Obispo, quien, a su vez, por su comunión con el Papa y los demás obispos, tiene asegurada la asistencia del Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, según ha prometido el mismo Cristo. En la Catedral se manifiesta y hace visible, en las celebraciones litúrgicas, presididas por el Obispo, rodeado de su presbiterio y de sus diáconos y acompañados del Pueblo de Dios que peregrina en Sololá y Chimaltenango, la única y verdadera Iglesia de Cristo. (cfr. Angel María Pascual, La Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, p. 13-14).


A solicitud de Monseñor Gonzalo de Villa, la Santa Sede concedió la celebración del Año Jubilar catedralicio para el beneficio de todos los fieles de la Diócesis y de quienes se acercaran en este año a visitar la Catedral para ganar las indulgencias.


Este año jubilar dio inicio el 15 de agosto de 2008 y finalizará solemnemente el 19 de julio del presente año.


Para preparar el Año Santo se hicieron algunos trabajos de mejora y mantenimiento que la embellecieron aún más. Se cambió el color en su totalidad dándole un color blanco y destacando en las columnas el nombre de cada uno de los Apóstoles. El Presbiterio fue grandemente enriquecido con Ambón de color dorado y de estilo barroco, digno espacio para la proclamación de la Palabra.


Los Años jubilares son tiempo de gracia, de conversión, de encuentro y en este año catedralicio acercamiento a la Catedral y a la figura del Obispo como Pastor y Maestro de la Diócesis de Sololá-Chimaltenango. Un grupo de seminaristas preparó unas catequesis para los peregrinos de las parroquias y ayudarlos a vivir la peregrinación en un clima de oración. En estas catequesis destacaron algunos signos.


1. El primer gran signo del Jubileo ha sido LA PEREGRINACION, que recuerda la condición del hombre a quien gusta describir la propia existencia como un camino. Esta catedral ha visto peregrinar cada sábado a los grupos parroquiales, a los representantes de los movimientos y a numerosos fieles de toda la diócesis. En este año del jubileo catedralicio hubo muchas peregrinaciones que iniciaban desde la gasolinera Esso o desde el Seminario Mayor, cantando y gritando alabanzas Cristo Redentor. Las peregrinaciones provocaron conversiones y cambios de vida, que darán frutos numerosos en nuestra Iglesia diocesana.


2. El segundo signo jubilar fue LA PUERTA SANTA, que se abrió el día 15 de agosto, solemnidad de Nuestra Señora de La Asunción. Patrona de la Catedral. Esa puerta evoca el paso que cada cristiano está llamado a dar del pecado a la gracia. Jesús dijo: “Yo soy la puerta” (Jn 10,7), para indicar que nadie puede tener acceso al Padre sino a través de El. También la puerta de nuestra catedral diocesana ha sido cruzada siguiendo al Evangelio de Cristo, para significar nuestro deseo de caminar con Cristo.


3. El tercer signo ha sido LA INDULGENCIA. En ella se manifestó la plenitud de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos con su amor, manifestado en primer lugar con el perdón de las culpas. Pero como la reconciliación con Dios no excluye la permanencia de algunas consecuencias del pecado, con la indulgencia se condona al pecador arrepentido la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. Agradecemos este perdón, tan generosamente derramado en la Catedral a lo largo del Jubileo Catedralicio, que no hubiera sido posible sin el trabajo, el sacrificio y la buena disposición de todos los sacerdotes que llegaban para administrar el Sacramento de la Reconciliación.



4. El cuarto signo ha sido LA CARIDAD, que nos abrió los ojos a las necesidades de quienes viven a nuestro lado. A lo largo del Jubileo no hemos dejado de luchar por crecer en caridad, en servicio, en cuidado de la convivencia, sabiéndonos disculpar, perdonar y dar buen ejemplo.


Al inicio del Año jubilar se inauguró la Exposición Diocesana en el salón parroquial, para que los peregrinos conocieran la riqueza de las parroquias, de las comunidades y de los pueblos que forman la Diócesis de Sololá-Chimaltenango. Un grupo de seminaristas montó la exposición y cada sábado se preparaba para la visita de los peregrinos.


Agradecemos a todos los sacerdotes de las parroquias, a los directivos, encargados de grupos, religiosas y todos los que colaboraron en la celebración de este Año Jubilar. Ahora podemos cantar agradecidos por los beneficios recibidos: “A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos. A ti, eterno Padre, te venera toda la creación.”



P. Julio César Fernández Leal


La Catedral, Misterio de Unidad


El nombre proviene de cátedra. Se llamó catedral la iglesia donde estaba la cátedra del obispo, cátedra que fue objeto de gran veneración en los primeros siglos. Tertuliano (s. II) aconsejaba a los cristianos visitar las iglesias apostólicas en las cuales todavía presidían las cátedras de los Apóstoles; S. Agustín (s. V) ponderaba la suerte de las comunidades cristianas que «merecieron poseer las sedes de los Apóstoles y recibir sus epístolas». Esta veneración llevó a dedicar fiestas especiales para honrar la cátedra de S. Pedro en Roma y en Antioquía; veneración que pasó a las cátedras de los obispos (v.), sucesores de los Apóstoles. De ahí la importancia que adquirió en seguida la iglesia donde estaba la cátedra del obispo. En el sínodo de Aquisgrán (803) se llamaba a los obispos residenciales cathedrales episcopi; y así empezaron a llamarse también sus respectivas iglesias. Parece que la primera que se cita con el nombre de catedral es la de San Marcos de Venecia en el s. IX. A la catedral se la llamaba también ecclesia mater, matrix o maior.

La Catedral ocupa un lugar primordial en Iglesia Particular, no solo por ser la sede del Obispo, sino por todo su simbolismo eclesiológico. La dedicación de una iglesia, así como su aniversario, tiene un espacio importante dentro de las celebraciones litúrgicas. Pero, al tratarse de la Iglesia Catedral, constituye un acontecimiento para todas las iglesias de la Diócesis porque así se demuestra su dependencia y cohesión hacia ella. El Concilio Vaticano II dirá que todos deben tener en gran aprecio la vida litúrgica de la diócesis en torno al obispo, sobre todo en la iglesia catedral (Sacrosanctum Concilium, 41); porque en esas celebraciones, con la participación plenaria de todo el pueblo en torno a su obispo, es donde aparece la Iglesia realizándose como «sacramento de unidad».



La liturgia en el Ritual de la Dedicación y en la celebración del Aniversario habla de la iglesia-edificio en términos personales, aplicándole, lo mismo que a la Iglesia los nombres de “esposa” y “madre”. Lo que le da su originalidad y su diversificación de las otras iglesias nos la da la asamblea: el pueblo reunido en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, que actualiza en un lugar en concreto a la Iglesia de Cristo, Esposa y Madre.



La Iglesia Catedral está destinada a acoger a la Iglesia Diocesana, como unidad. La eclesiología del Vaticano II, dice siempre que la Iglesia Particular hace presente a la Iglesia de Cristo Una, Santa, Católica y Apostólica, y en ella preside Cristo, el Señor. Por esto, la Catedral no es simplemente una parte geográfica de la Iglesia, sino la Iglesia en la totalidad, en cuanto que la realiza en esa Iglesia Particular Diocesana. La catedral dice Pablo VI, es la «imagen de la Iglesia visible que en el mundo entero ora, canta y adora; y se la ha de tener como signo de aquel Cuerpo Místico cuyos miembros se unen en trabazón de caridad».


El nombre de catedral le viene precisamente de “cátedra”, la cátedra permanente del Obispo que garantiza la sucesión apostólica, la unidad y la comunión eclesial como miembro del Colegio Episcopal, presididos por el Papa. Sentado en su cátedra, el obispo preside al pueblo de Dios, ejerciendo desde ella su oficio de supervisor (episcopos) o vigía.


La Iglesia Catedral es ante todo, lugar de celebración y símbolo de la Iglesia. La Diócesis tiene en ella su punto de unidad. Por eso, hemos de tener en mucho aprecio las celebraciones en la Iglesia Catedral y acudir como peregrinos en busca de encontrar toda la riqueza que se encierra en ella.



P. Lee Perén


Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Sololá

Época colonial


Antes de ser elevada al rango de Catedral, la iglesia de Sololá fue erigida como parroquia, con el título de Nuestra Señora de la Asunción, en territorio perteneciente entonces a la diócesis de Santiago de Guatemala. Era el año 1567, y habían transcurrido veinte años desde la fundación de la ciudad de Sololá, en 1547.


El cronista que escribió “El Memorial de Sololá” nos deja noticia de estos acontecimientos. En efecto, en el número 175 nos dice: “Durante el octavo mes después que tuvo lugar el derrumbe, llegaron aquí a nuestra iglesia nuestros Padres de Santo Domingo, Fray Pedro Angulo y Fray Juan Torres. Llegaron de México el día 12 Batz [10 de febrero de 1542]. Nuestra instrucción comenzó por medio de los Padres de Santo Domingo. Luego salió la Doctrina en nuestra lengua”.


Como vemos el cronista utiliza dos cronologías al datar la fecha de ingreso de estos primeros misioneros. El Memorial continúa con la relación de los progresos de esta primera comunidad en Sololá.


Data el 30 de octubre de 1547 cuando el Lic. Juan Rogel, Oidor de la Audiencia, funda esta ciudad. No les pasa por alto la llegada de la primera campana para la iglesia. Así nos dice, El día 5 Ah [9 de julio de 1552] se cumplió el 54º. año de la revolución. Durante el año llegó la campana de bronce, vino de parte del Emperador de Castilla.


En el Memorial aparece por primera vez la advocación de la Asunción como patrona de Sololá, cuando dice El 31 del mes después de la Pascua de Resurrección recibimos el Santo Sacramento aquí en Santa María Asunción Tzololá. Año de 1568.

Con el paso de los siglos la vida de Sololá girará alrededor de esta iglesia, varias veces reconstruida a causa de los terremotos. Desde ella se misionó toda la región. Fueron los padres franciscanos quienes emprendieron esta labor ingente de evangelización, aunque si bien el Memorial apunta a padres dominicos como los pioneros.


Época contemporánea


En 1921 la parroquia pasó a depender de la recién creada diócesis de Quetzaltenango. Pero 30 años después, el 15 de marzo de 1951, el Papa Pío XII erige la diócesis de Sololá y eleva la parroquia de Sololá a Catedral de la naciente diócesis por medio de la Bula “Omnium in Orbe”.


En 1961 se bendicen las obras de reconstrucción de la cúpula y del presbiterio. Mons. Melotto, primer obispo de la diócesis, había sido consagrado en ese mismo edificio aún en obras. Para la bendición Mons. Melotto le pide al arzobispo de Guatemala, Mons. Mariano Rossell, que presida la ceremonia. Siguieron las obras de la construcción de la gran nave. De modo que para 1970 se tienen los cimientos y empiezan a construirse las columnas. Para la fundición de la bóveda se necesitó de mucha mano de obra y del ingenio y generosidad de los sololatecos. Se termina la fundición en 1978. Sin embargo, pasarán algunos años para dar por concluida la Catedral, y así hubo que esperar hasta el 19 de julio de 1984 en que fue dedicada.


Presentamos a continuación fotografías de los planos aprobados por Mons. Melotto para la obra de construcción de la Catedral.

P. Luis Enrique Ortíz