Entrevista al P. Boanerges Ramírez


Sabemos que usted es uno de los primeros formadores del Seminario Menor “Señor San José”. ¿Podría contarnos algo al respecto?

En el año 1992 Mons. Eduardo Fuentes, Obispo es ese entonces de la Diócesis de Sololá, juntamente con el P. Ángel María Pascual y P. Luis Antonio Foncea, comenzaron a madurar la idea de fundar un Seminario Menor que sirviera de “cantera” o “semillero” de candidatos al Seminario Mayor de la Diócesis.

En enero de 1993, P. Ángel nos llamó a un grupo de seminaristas mayores para proponernos la idea y pedirnos que nos hiciéramos cargo de la formación, acompañamiento y tutoría de los jóvenes con quienes se iba a iniciar el Seminario Menor. El diácono Julio César Fernández, vicerrector y director, Víctor Ordóñez, encargados del acompañamiento de los seminaristas; Juan Cardona, profesor de matemáticas; P. Marco Antonio Figueroa, profesor de inglés; Boanerges Ramírez, profesor de filosofía, fueron algunos de los profesores que iniciaron esa apasionante aventura.

El Seminario Menor, se inició con 7 alumnos (algunos de ellos se han ordenado presbíteros) del quinto bachillerato, que en principio debían ingresar al Colegio Seminario San José de Quetzaltenango llevado por los padres Benedictinos; pero a algunos de los profesores se nos encomendó ir a sus casas a avisarles que ya no irían a Xela sino que iban a continuar estudios en el nuevo seminario Menor de la Diócesis de Sololá.

Al año siguiente, ya teníamos un mayor número de seminaristas, pues abrimos las puertas a los alumnos de cuarto bachillerato. Y posteriormente, se fuero completando los grados del ciclo básico hasta tener completo lo que ahora es un floreciente seminario Menor Señor San José.



¿Podría contarnos algunas anécdotas vividas en el Seminario Menor?

Hay muchísimas, pero contaré sólo dos:
La solicitud paternal de Mons. Eduardo Ernesto Fuentes Duarte: Monseñor Eduardo siempre estuvo pendiente de la marcha del Seminario Menor, que había nacido gracias a su ilusión y empeño de preparar para la Diócesis vocaciones sacerdotales. Cuando nos trasladamos al predio donde actualmente funciona el Seminario, no estaban todavía las instalaciones actuales, Monseñor Eduardo nos visitaba con mucha frecuencia para animarnos a los formadores a realizar la tarea con ilusión. Poco después tuvo que ausentarse de la Diócesis por motivo de enfermedad, pero aún así siempre estaba pendiente del funcionamiento del seminario. P. Víctor y yo, que era ya el vicerrector del seminario, lo visitamos en cinco ocasiones durante su convalecencia y siempre nos preguntaba cómo iba el seminario hasta en sus más pequeños detalles.

La otra es, que, iba a expulsar a un seminarista por una “supuesta” indisciplina: una noche después de completas, subí a las habitaciones de los seminaristas de bachillerato –estaba todavía en las instalaciones del Mayor- y estaban haciendo mucho ruido. Entré en la habitación y les dije que era tiempo de dormir y que no molestaran; me di cuenta de que uno de ellos “no dejaba de sonreír ante lo que yo decía y dije: si no dejás de reírte te vas del seminario. Eran los primeros días y no conocía bien a los seminaristas; después me di cuenta que este seminarista (ahora sacerdote) siempre tiene una sonrisa en su rostro. Menos mal que no lo expulsé.
Por José Zacarías Xogüix

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